Pasar las redes sociales a alguien nuevo suele significar una larga charla, una contraseña compartida y una primera semana de nervios. No tiene por qué. Una hora, un poco de escritura y el tipo de acceso adecuado bastan para que una persona publique bien desde el primer día.
La hora, en orden
- 1Diez minutos: para qué sirve la cuenta y para quién. Dilo con sencillez, en dos o tres frases.
- 2Diez minutos: la voz. Muestra cinco publicaciones que suenan bien y dos que no. Una página de ejemplos enseña más que una lista de adjetivos.
- 3Quince minutos: el calendario. Dónde viven las publicaciones, cómo se programa una, cuáles son los huecos habituales.
- 4Diez minutos: las reglas. Qué necesita aprobación, qué no, qué no se publica nunca y a quién preguntar cuando hay dudas.
- 5Quince minutos: hace una publicación real, contigo mirando.
Acceso, sin la contraseña
Da a cada persona su propio acceso a la herramienta, con un rol que encaje: quien escribe borradores, quien aprueba, quien solo lee. Nunca deberían necesitar la contraseña de la propia red. Cuando se van, quitas un puesto y nada más cambia.
La primera semana
- Solo borradores durante los primeros días. Revisadlos juntos.
- Una publicación al día para empezar, no más.
- Una lista corta de preguntas que cabe esperar —horarios, un reembolso, una queja— con una respuesta escrita de antemano para cada una.
- Una revisión el viernes: qué fue fácil, qué fue confuso.
Qué escribir una sola vez
La página de la voz, las reglas, la lista de cuentas y quién es dueño de cada una, y adónde van los archivos. Escrito una vez, sirve también para la tercera persona.
El objetivo de la incorporación no es que nunca necesite preguntar. Es que sepa qué preguntar, y a quién.
