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Craft11 de agosto de 20264 min de lectura

La bio tiene un solo trabajo, y no es describirte

Alguien entra al perfil con una pregunta: ¿esto es para mí? Ciento cincuenta caracteres sobran para responderla, pero la mayoría de las bios responde otra cosa.

Alguien llegó desde una publicación que le gustó. Tiene una pregunta que dura unos dos segundos: ¿esta cuenta es para mí? Una bio hecha de adjetivos responde una pregunta que nadie hizo.

Tres cosas que merecen ese espacio

  • Qué haces, dicho con las palabras que usaría un desconocido y no con las de tu sector
  • Para quién es, si acotarlo aporta algo de verdad
  • Qué hacer después, si hay algo que hacer

Ahí termina la mayoría de las bios. El resto lo llena una lista de cargos, tres emojis y una palabra como «apasionado», y nada de eso distingue una cuenta de otra.

Vio la publicaciónAbrió el perfilSiguió la cuenta
La visita al perfil se estrecha rápido. La bio es el paso intermedio.

La primera línea se lee, el resto se ojea

Instagram muestra un par de líneas antes de cortar, y el campo del nombre entra en la búsqueda; el texto de la bio, no. De ahí un truco poco vistoso: lo que la gente busca —el oficio, la ciudad— va en el nombre, y la bio se gasta en una frase.

El enlace

Un enlace que la gente recuerda gana a un enlace que cambia cada semana. Si se mueve con cada publicación, nadie coge la costumbre de mirarlo, y el tráfico se va a quien fue previsible.

Lee tu bio como si nunca hubieras oído hablar de ti. Si podría estar en veinte cuentas más de tu sector sin cambiar una palabra, no es una bio: es una categoría.

Deja de mirar el reloj. Déjate llevar.

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