Todas las agencias tienen el mismo flujo y nadie lo eligió. Alguien escribe las publicaciones. Alguien hace capturas. Las capturas van por correo o por chat. El cliente responde a una de ellas. La mitad del feedback llega en notas de voz. Después alguien reescribe la versión aprobada en la herramienta y espera que coincida.
Qué sale mal
- El texto aprobado y el programado son dos objetos distintos sincronizados a mano
- El feedback vive en un hilo que nadie encuentra dos semanas después
- Nadie puede responder «¿esto está aprobado?» sin leerse una conversación
- Quien aprueba y quien publica son personas distintas, así que los errores se encuentran ya en público
La aprobación como estado, no como conversación
La alternativa es tan sencilla que suena obvia: la publicación tiene un estado. Un editor la escribe y queda esperando. Alguien con autoridad la libera. Hasta entonces el publicador no la toca, no por convención, sino porque el worker solo recoge publicaciones en estado liberado.
Ese único cambio elimina el paso de reescribir, que es por donde entran los errores, y hace que la pregunta se responda de un vistazo.
Roles que merece la pena tener
- Propietario — todo, incluido quién más está aquí
- Administrador — aprueba publicaciones, gestiona cuentas conectadas
- Editor — escribe; sus publicaciones esperan aprobación
- Lector — puede mirar, no puede tocar
Lo importante es que la comprobación está donde están los datos, no en la interfaz. Ocultar un botón es cortesía; rechazar la petición es la regla de verdad.
