Cuando la gente no puede tocar un producto, lo juzga por las imágenes. Para eso no necesitas un estudio. Necesitas una luz estable, un fondo que no moleste y unas pocas tomas que respondan a lo que preguntaría un comprador.
Primero, la luz
- Usa una ventana, no una lámpara. Pon el producto junto a ella, fuera del sol directo, donde la luz es suave.
- Apaga el flash. Aplana la forma y provoca reflejos en las superficies brillantes.
- Sostén una cartulina blanca frente a la ventana para devolver luz a las sombras.
Un fondo que no moleste
Una hoja de papel liso, una mesa vacía o una tela lisa bastan. La idea es que el ojo vaya al producto y se quede allí. Los estampados fuertes, el desorden y un borde torcido lo apartan.
Las cuatro tomas que necesita un comprador
- 1El objeto entero, de frente, con espacio alrededor.
- 2Un primer plano del detalle que decide la compra: la costura, el acabado, la etiqueta.
- 3Algo que muestre su tamaño, como una mano sosteniéndolo o un objeto cotidiano al lado.
- 4El producto en uso, en el tipo de lugar donde vivirá de verdad.
La coherencia es la marca
Si cada producto se fotografía sobre el mismo fondo, desde el mismo ángulo y con la misma luz, la tienda parece ordenada antes de que nadie lea una palabra. También hace más rápidas las fotos futuras, porque solo tienes que repetir lo que ya hiciste.
Edita con ligereza y con honestidad
- Ajusta el brillo y el contraste, y recorta para enderezar y ordenar.
- Comprueba que el color de tu pantalla coincide con el real. Un producto que llega de otro color es una devolución y una mala reseña.
- No elimines marcas ni defectos que el comprador verá en el artículo real.
Pon el producto real junto a su fotografía en la pantalla del móvil. Si no parecen el mismo objeto, vuelve a fotografiarlo.
