Una cafetería vive de los que pasan y de los habituales. Las redes sociales no llenarán el local por sí solas, pero pueden decidir a cuál de dos sitios parecidos entra un desconocido. Lo hacen con tres cosas: cómo se ven la comida y el local, si la información es correcta y si parece que alguien está al mando.
Muestra lo real
- Fotografía la comida con la luz con la que de verdad se sirve, desde el ángulo en que la ve el cliente.
- Muestra el local con gente, no solo mesas vacías y perfectas.
- Muestra quién lo hace: la persona de la cafetera, la que hornea al amanecer.
Mantén correctos los datos
- El horario, incluidos festivos y algún día cerrado, en cada perfil y en tu ficha del mapa.
- La carta, o un enlace a ella, con precios si puedes.
- La información sobre alérgenos y dietas, exacta y al día. No adivines.
- La dirección y cómo encontrar la puerta.
Publica para la semana, no solo para el día
El plato del día y lo que ha salido del horno esta mañana encajan en una publicación rápida desde el móvil. Todo lo demás, como una carta nueva, un evento o una oferta para un día tranquilo, puede escribirse una vez y programarse. Revisa la cola cuando cambien los planes, para que una publicación no anuncie algo que se te ha acabado.
Responde como lo haría un anfitrión
Contesta a comentarios y mensajes con la voz que usarías en el mostrador. Las preguntas sobre reservas, perros, carritos y dietas son fáciles de contestar, y le dicen a quien pregunta que hay alguien en casa.
Deja que los clientes ayuden, con permiso
La gente fotografía su café de todos modos. Pregunta antes de volver a publicar la imagen de un cliente y dale crédito. Un agradecimiento en los comentarios no cuesta nada.
Comprueba tu horario en cada perfil todos los lunes. El cliente que te encuentra cerrado cuando decías que estabas abierto no vuelve.
