Una leyenda se corta alrededor de línea y media, y desplegarla exige un toque deliberado. Así que la leyenda de verdad es esa primera línea, y el resto es un premio para quien ya decidió.
Qué la desperdicia
Casi siempre las mismas cuatro cosas, y todas son costumbres, no errores.
- Un saludo: «¡Hola a todos!» gasta la línea sin decir nada
- Carraspeo: «Últimamente he estado pensando en…»
- Una etiqueta: «Nueva entrada en el blog» dice el formato, no el motivo
- Una pregunta retórica ya oída: «¿Te cuesta ser constante?»
Qué se gana el toque
Un hecho concreto y ligeramente incompleto. Concreto porque un detalle solo puede venir de ti; incompleto porque una frase terminada no tiene adónde ir.
- «Grabamos esta toma a las dos de la mañana y dejamos el fallo».
- «Dieciséis intentos para un segundo de metraje».
- «La sala se agotó antes de que el cartel estuviera listo».
Escribe la primera línea al final. Es más fácil encontrar la frase interesante en una leyenda ya escrita que inventarla en un campo vacío.
Una costumbre que vale la pena
Lee la primera línea sola, con el resto tapado. Si aún da ganas de seguir, funciona. Si solo tiene sentido como introducción a lo que viene, no es una primera línea: es un calentamiento, y se puede borrar.
